Sur y Norte, ONGD y Movimentos Sociales, ¿Hacia el dialogo político?

La reflexión que os presento a continuación forma parte del la publicación del 2011 de la Plataforma 2015 y más :
" RENOVANDO el PAPEL de las ONGD - Hacia la Transformación social".
Más en especifico, se trata del capítulo numero dos del libro, el mismo que podéis descargar en Pdf en enlace que se encuentra en la parte final del texto. 

Mapa de Hobo - Dyer

No obstante la publicación tenga ya 6 años, los planteamientos que vais a poder leer a continuación son de gran actualidad. A pesar de algunos  avances como son los Principios Ruggie (Principios Rectores de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos y empresas) y la nueva agenda 2030 - ODS (los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas ) las preguntas y las cuestiones que siguen se encuentran muy lejos de tener una respuesta clara y definida, bien por parte de las ONGD y bien por parte de los movimientos sociales. 
El texto que sigue ha sido publicado por Editorial 2015 y más bajo una licencia de Creative Commons 


Sur y Norte, ONGD y Movimentos Sociales, ¿Hacia el dialogo político?

Janaina Stronzake


1. Introducción

Comprender la naturaleza de las organizaciones sociales y tener claro hacía donde caminan es fundamental para construir alianzas y acciones eficaces. Si entendemos que nuestro objetivo a largo plazo es la transformación social, tendremos más condiciones para diferenciar las acciones tácticas necesarias en la búsqueda de ese objetivo.

¿Hay espacio para un diálogo político entre el Norte y el Sur Político? ¿Existe ese diálogo entre las organizaciones no gubernamentales para el desarrollo (ONGD) y los movimientos sociales (MMSS)? Estas son algunas de las cuestiones planteadas en ese texto, presentado en el marco de los debates desarrollados durante las Jornadas sobre Eficacia del Desarrollo y las ONGD: Renovando Nuestro Papel, celebradas en Madrid en mayo de 2011. El hecho de que la Plataforma 2015 y Más se dedicara a organizar estas jornadas, con la variedad de voces y posiciones invitadas a participar, es un indicador positivo del diálogo político existente, y un aporte a la profundización de esas relaciones dialógicas.

Partimos de la premisa de que todas las ONGD y MMSS, implicados y promotores de este momento de diálogo, tenemos la transformación social como horizonte de nuestras labores. Algunos de los actores presentes en las jornadas tal vez todavía no hemos encontrado el cómo, pero tenemos claro un adonde ir.

Cuando no hemos utilizado los dos géneros en el texto, optamos por la forma femenina, en referencia a “la persona”. Usamos Norte Político para designar los países de lo que antes era conocido como Primer Mundo, es decir, espacios donde el Estado de bienestar social ha sido aplicado, y donde el capitalismo se ha centralizado en su expansión mundial; usamos Sur Político para designar el grupo de países antiguamente llamados Segundo, Tercer y Cuarto Mundo. Sin embargo, hay personas y organizaciones en el norte geográfico que pertenecen al Sur Político, y también el revés, hay quienes estando situados en el sur geográfico forman parte del Norte Político.

2. ¿La teoría ilumina la práctica?

¿Qué es una organización no gubernamental para el desarrollo?
¿Cuáles son los objetivos de las ONGD?
¿Qué visión tienen del desarrollo y de los movimientos sociales?

Preguntas básicas, y que, a veces creemos, ya están estudiadas y contestadas satisfactoriamente. Sin embargo, aún escuchamos las viejas cantilenas sobre cómo juntar la bondad del Norte para contribuir con “los procesos de transformación en el Sur”. Puede que aún haya confusión entre base social y socias donantes, entre movimiento político de masas y acciones institucionales, entre movilizar personas y movilizar recursos, y una infinidad más de posibles penumbras en nuestros cotidiano quehacer diario.

Comprender nuestras naturalezas es una de las bases para comprender nuestros papeles y nuestras responsabilidades en la transformación. Es una de las bases para conocer los límites y posibilidades, dibujando objetivos. Es mejor saber hacia dónde vamos sin saber cómo, que saber cómo, pero no saber hacía donde caminamos. No importa la fuerza del viento si la navegadora no sabe qué dirección debe tomar.

Las organizaciones no gubernamentales han sido parte de una estrategia de amortiguamiento de luchas y revueltas en el Sur Político, y muchas han actuado como tal, preparando terreno para la expansión capitalista en su hambre de plusvalía o poniendo parches a los desastrosos impactos de esa expansión. Evidentemente, el hechizo puede voltearse contra el hechicero, y muchas ONG han actuado en contra del sistema capitalista, disponiéndose a usar las armas institucionales contra la explotación de trabajo y riquezas, contra la acumulación de capital por parte de unos pocos.

Hay que tener en cuenta de donde vienen las ONG y las ONGD, para construir “nuestras” organizaciones. ¿Huimos de la naturaleza para la cual hemos sido creadas? Estar comprometidas con la transformación social –comprendiendo ese “social” como el conjunto de una sociedad humana, su política, su economía, su cultura– implica renunciar al trabajo de paralizar las personas y la movilización social, y elegir su lado en la lucha de clases.

Ahora bien, en el proceso de lucha por la transformación social, ¿qué papel juegan/pueden jugar las ONGD? Entendemos que es un papel distinto de los movimientos sociales. Pero, contestar a esa cuestión no es trabajo para una persona, grupo de personas o una institución; esa respuesta la tenemos que construir colectiva y constantemente, mirando adelante, al horizonte donde nos propusimos llegar.

Los movimientos sociales nacen desde abajo, desde las necesidades de los diversos grupos, confluyendo intereses comunes, construyendo identidad. Un movimiento social existe en su ‘base social’, en un grupo más grande o más pequeño de personas que actúan para conquistar derechos/ sueños comunes; sin base social no existe movimiento social.

Estudios sobre definiciones para movimientos sociales hay muchos, y destacamos el de Charles Tilly (Tilly y Wood, 2010) que propone que, entre las características de un movimiento social, se considere lo que llama “demostraciones de WUNC”, o sea, demostraciones de Valor (conducta sobria), Unidad (insignias, canciones, etc.), Número (ocupación de calles) y Compromiso (resistencia ante la represión, sacrificio consciente).

El Instituto Hegoa, de la Universidad del País Vasco, España, está desarrollando una experiencia ejemplar con la intuición de construir unos marcos teóricos sobre la cooperación y los movimientos sociales transformadores; en esa experiencia participan, además del cuerpo docente del Instituto, miembros de ONG y de movimientos sociales (Vía Campesina y Marcha Mundial de Mujeres). Es una iniciativa sumamente interesante en el sentido de que brinda la oportunidad de conocer las diferencias entre unos y otros actores sociales, y de buscar los puntos de actuación conjunta, de camino al derrumbe de unas relaciones sociales desiguales.

En nuestro quehacer cotidiano y en nuestras alianzas debemos comprender y no perder de vista qué son las ONGD comprometidas con un desarrollo efectivo, justo y sostenible y desglosar, estudiar, difundir entre nosotras y nosotros cuáles son los objetivos por los que trabajamos, qué acciones son transformadoras, cuál es el horizonte estratégico, y cuáles son las actividades tácticas más idóneas y acordes con ese horizonte.

Sobre el desarrollo también existe una infinidad de estudios y debates, desde el desarrollo como sinónimo de crecimiento económico, hasta el desarrollo humano local. Queremos resaltar lo que no es desarrollo; pensar que si llevamos el patrón de consumo del Norte Político para el Sur estamos desarrollando, mejorando la vida de las personas, es un equívoco. Hay que disminuir el consumo en el Norte, y aumentar el del Sur, pero, otro tipo de consumo, que sea sostenible, y que sea cultural, geográfica y históricamente adecuado. El desarrollo capitalista y patriarcal no nos sirve a nadie.

3. La cooperación, luces y sombras

Tenemos un problema mundial. Y no es la crisis, o las crisis. Nuestro problema es el sistema sociopolítico-económico capitalista y patriarcal.

Hay datos tristes: 1.200 millones de personas pasando hambre; 2.800 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza, con menos de 2 dólares al día; el 43% de las muertes de niñas y niños son provocadas por diarrea, malaria, neumonía y SIDA; a cada hora, 57 mujeres se mueren por causas relacionadas con el embarazo y el parto (un total de 1370 cada día, 500 mil cada año).

Los beneficios de las empresas transnacionales no paran de aumentar; tal vez eso es lo que signifique el tan decantado crecimiento. Por ejemplo, el Banco Santander ha aumentado sus beneficios en 34% en 2010, en relación al año anterior. Aunque se hable de crisis en todos los sectores, las ventas de esas empresas no disminuyen, y Syngenta –sangrienta empresa del agronegocio bajo cuyas órdenes ha sido asesinado el campesino Sin Tierra Valmir da Motta Keno, en 2007– ha logrado ventas por un valor de 11,6 mil millones de dólares en 2010.

¿Quienes estamos en crisis, entonces? ¿Dónde hay que actuar, para superar esas espeluznantes diferencias?

La cooperación para el desarrollo encuentra muchas trabas para hacer su trabajo, si entendemos ese desarrollo como el proceso para llegar a un mundo justo, igualitario y sostenible.
Miremos tres de ellas.

La deuda del Sur Político supone un elemento importante. La deuda bruta de América Latina llega a los 829 mil millones de dólares. Entre 2004 y 2010, fueron pagados 4,1 millones de millones de dólares (si, los datos de Ramón Pichs Madruga, del CIEM, nos dice que son millones de millones, no es un equívoco de digitación). La media mundial de deuda pública per cápita es de 580 dólares; la media per cápita en Latinoamérica es de 1.701 dólares. La contribución por cada ciudadana española para la Ayuda Oficial al Desarrollo, en 2010, ha sido de 114 euros.

Los datos nos dicen que no haría falta hacer donaciones para al Sur, si las deudas desapareciesen.
Los beneficiarios de esas deudas eternas, que esclavizan América Latina y los otros continentes, son algunos Estados del Norte y las empresas transnacionales. Para ese momento histórico, hay que movilizar recursos en el Norte, y al mismo tiempo, combatir para que sean extintas las deudas del Sur.

Otra traba es la acción vampírica de las empresas transnacionales, también llamada “anticooperación”. Un caso de libro es lo que pasa en Níger, un país de los más “beneficiados” por la “ayuda” humanitaria de alimentos. La empresa francesa Nutriset produce el alimento terapéutico Plumpy’ Nut, una pasta supe calórica, hecha a base de cacahuete, comercializado en sobres que contienen 500 kilocalorías por unidad; esos sobrecitos son comprados por Unicef y entregados a las madres; se dice que la finalidad es garantizar la seguridad alimentaria de las niñas y niños en dicho país africano.

De manera aparentemente contradictoria, si pensamos que la ayuda de emergencia debe ir en un sentido de tornarse innecesaria en el tiempo, Nutriset no planea disminuir su producción, permitiendo a las comunidades que construyan su soberanía alimentaria (Stronzake, 2009): de 52 millones de euros anuales en beneficios en 2010, planean llegar a 180 millones en 2012
O sea, ese tipo de cooperación atiende a los intereses de las empresas, ayudando a destruir las capacidades de las comunidades locales.

Simultáneamente, Níger es el tercer mayor productor de uranio en el mundo, y Francia es el mayor explotador de ese uranio, principalmente por medio de otra empresa francesa, Areva, perteneciente al Estado francés.

No es difícil percibir que sin quitar las garras y el hambre de beneficios de las empresas capitalistas, no hay cooperación transformadora, en ningún lugar del mundo. En el ejercicio de la cooperación actual, hay que incluir el combate a esas empresas de la muerte, como las del agronegocio: Nestlé, Cargill, Monsanto, Syngenta, Bayer…

Emblemático y vergonzoso es también el caso de las semillas transgénicas, agrotóxicos y medicinas. Monsanto, tras el terremoto de Haití, ofrece toneladas de semillas transgénicas, alegremente aceptadas por el gobierno haitiano; felizmente, el campesinado organizado en la Vía Campesina en Haití, conocedor del riesgo que representan esas semillas, ha quemado la donación en la plaza pública. En las regiones del mundo donde las semillas transgénicas están más difuminadas, dependientes de los agrotóxicos producidos por las mismas empresas que producen esas semillas, ya sabemos el impacto negativo que supone depender de unas pocas empresas transnacionales.

Las mismas empresas que fabrican las semillas transgénicas de la muerte fabrican el paquete químico imprescindible para el cultivo de esas semillas, y también fabrican las medicinas para aminorar los innumerables problemas de salud causados por esos agrotóxicos (Paganelli et al., 2010; Riva, 2007). Ahí está el caso de Syngenta, que fabrica plaguicidas, y con el nombre de Novartis, fabrica antidepresivos; la depresión es causada también por el contacto con esos plaguicidas.

Un tercer aspecto problemático para la cooperación es la privatización de la cooperación, que anda en curso. Con la excusa de la “crisis”, algunos gobiernos están incentivando a las ONGD a que busquen las empresas para ejecutar sus proyectos. Es una maniobra dentro las políticas neoliberales que vienen siendo implementadas en Europa, y se asocian a otras como la flexibilización laboral, el aumento en la edad de jubilación, el recorte en servicios públicos, la privatización de empresas públicas, etc.

Con lo que hemos expuesto, sobre la incompatibilidad entre los intereses de la población cuya plusvalía es explotada hace siglos, y los intereses de esas empresas explotadoras de plusvalía, la conclusión obvia es que privatizar la cooperación equivale al final de la cooperación, siempre que esa es entendida como acción transformadora, como acción anticapitalista y antipatriarcal.

Efectivamente, distribuir comida es importante; mantener las ONGD, es importante; enseñar a la población la necesidad e importancia de lavarse las manos y prevenir enfermedades es importante; construir una escuela, un hospital, es importante. Pero, siempre que esas acciones se enmarquen dentro de una estrategia de construcción de otra sociedad; en sí mismas, esas acciones son paliativas, son parches que nos ayudan a soportar la carga del capitalismo patriarcal.

4. A modo de conclusión, ¿qué acciones podrán emprender tanto ONGDs como movimientos sociales para llevar a cabo una acción conjunta más transformadora?

La acción transformadora debe apuntar al cambio de la estructura socio-político-económica.
La Ayuda Oficial al Desarrollo, aunque pequeña si se compara con otros fondos, debe estar canalizada para las propuestas de cambio estructural. O sea, hay que promover acciones tácticas que acumulen y contribuyan con las acciones estratégicas.

A corto y medio plazo, tenemos que comprender y clarear el camino: los recursos económicos están concentrados en el Norte Político, la pobreza está concentrada en el Sur Político; ¿Dónde se genera ese recurso, concentrado en el Norte? No olvidemos la plusvalía, a los explotadores y a las explotadas. ¿Basta con captar y devolver al Sur una pequeña parte de esa riqueza? ¿Qué más podemos y debemos hacer?

Porque tenemos tareas distintas, ONGD y movimientos sociales tenemos que trabajar juntas. Esa actuación conjunta nos exige la construcción de confianza, que empieza por conocer objetivos comunes, y que a su vez, piden principios de actuación semejantes, o sea, la colectividad, la democracia, el estudio permanente, entre otros.

El estudio, el proceso de formación organizado conjuntamente puede contribuir al trabajo colectivo. Hay que estudiar, reflexionar, debatir, comprender la estructura y la coyuntura de la sociedad, el funcionamiento del capitalismo. La formación es más amplia que el estudio teórico: nos formamos cuando actuamos, y el cómo hacemos las cosas nos hace a nosotras, no se puede olvidar que la forma también forma.

La formación debe estar conectada con la práctica cercana al pueblo; las propuestas de nuevas sociedades las tenemos que buscar en los anhelos de la clase trabajadora, no en alguna supuesta iluminación individual. La base social, movilizada en los movimientos sociales, apoyada por las ONGD, es quien tiene el mandato, es quien, en última instancia, decide el camino a ser recorrido.

Esa práctica también se representa en la acción directa: exigir la anulación de las deudas del Sur Político; boicotear el agronegocio –Nestlé, Syngenta-Novartis, Coca-cola, Monsanto, Bayer, por ejemplo–; organizar grupos de consumo y acercarse a las campesinas y campesinos, comprando y consumiendo su producción; promover otra comprensión de lo que es el campesinado y el mundo rural, en especial a través de los espacios educativos; hacer públicamente la defensa de la soberanía alimentaria y de la reforma agraria. Todos son ejemplos de acciones formativas y directas en las cuales podemos trabajar todas y todos juntos.

En un plazo más largo, hay que repensar el Estado de bienestar social, sin acabar con el bienestar de las personas. ¿Cuál ha sido el coste del Estado de bienestar social que existió en el Norte Político? ¿Quien ha pagado ese coste?

A veces hemos escuchado que es necesario defender los derechos conquistados, en una referencia a la defensa de ese Estado de bienestar. Es preciso tener cuidado con no estar fomentando o defendiendo unos privilegios en el Norte Político, para continuar ejerciendo nuestra “solidaridad” con base en las contribuciones de una clase trabajadora más abastecida.

Si el Estado de bienestar social significa un pacto entre clases por el buen funcionamiento del capitalismo, hay que superar ese ‘Estado’. Hay que mirar más allá, para el bienestar de la población y de la naturaleza y el ambiente mundial.

La cooperación para el desarrollo tiene que trabajar por el fin de la cooperación para el desarrollo. Esa cooperación no es un fin en sí misma, debe caminar hacia un desarrollo construido por la clase trabajadora.

Hay que pasar de ser hinchas, de ser afición, a ser militantes políticos. ¿Cómo?

Los movimientos sociales deben seguir movilizando gente, seguir formándose y formando, construyendo alianzas y tejiendo redes. Las ONGD, por su parte, en ese tejido transformador junto a los MMSS, deben realizar una labor de incidencia política, sensibilización, y movilización de recursos y personas.

La movilización de recursos, en especial en los espacios donde la riqueza mundial está concentrada –el Norte– es fundamental para llevar a cabo las luchas en todas las partes. La riqueza es una producción social colectiva, que ha sido apropiada individualmente a través del robo de la plusvalía; por eso, cuando las empresas transnacionales aparecen con donaciones en momentos de desastres, no hacen más que devolver una parte casi insignificante de lo que se han apropiado y que no les pertenece. En especial la movilización de recursos junto a los Estados, pues esa es una riqueza pública, y si no la utilizamos bien en la cooperación, los capitalistas la van utilizar para sus intereses.

Al movilizar recursos es posible ejecutar también una acción de formación política. Repito, la forma como hacemos las cosas también forma las personas involucradas. ¿Cuál es la relación que se establece con las socias donantes?

El dialogo político que existe entre los movimientos sociales y las organizaciones no gubernamentales es el camino común que trillamos, y los objetivos comunes por los cuales luchamos. Al fin y al cabo, todas y todos somos militantes por la transformación social, por la construcción de un mundo no capitalista, no racista y no patriarcal. Si estamos en acuerdo con eso, con las pequeñas piedras que encontremos por el camino podremos ir construyendo la escalera para seguir adelante.

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Gracias!
La hermandad no es un principio, es un estilo de vida.
Hasta pronto, Diego

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